sábado, 31 de agosto de 2024

El Reino de los Cielos (Capítulos 21 y 22)

21

“Ya llegará el cartero con su irremediable sorpresa…”, Ada Soriano

Agatha no estaba en el mundo, análogamente a Liberto. Ella vivía el no-ser de Buda. Sabía correctamente el significado de las palabras como había que hacer según Confucio. Lo mismo hacían los amigos literatos. A Liberto le gustaba Oriente, aunque no olvidaba las enseñanzas de Jesucristo. Mamen Mistral estaba un poco frustrada porque estaría trabajando de enfermera, sin embargo, no descuidaba su labor de literata. Algunas veces la correspondencia le daba algún susto y se rebelaba contra la divinidad. Aunque sabía que su suplica sería escuchada. Liberto vivía austeramente, con una pequeña cantidad de dinero que correspondía a una pensión exigua, se quitaba caprichos, salir los fines de semana, ir de comida o cena, no hacía cierta escapada o viaje, sin embargo, no paraba de leer y escribir. El sistema económico como siempre era diabólico, el dinero siempre escaseaba y poca ayuda ofrecían los estafadores. José, el escritor, trabajaba duro para ganar el pan. Hoy en día, debido a las crisis económicas, tener un trabajo es un lujo. Aparte de ofrecerte dignidad. Liberto se decía que Dios proveerá. Que todo iba a salir bien. “Todo es posible al que tiene fe”, recordaba.

Mamen Mistral malhumorada y frustrada, haciendo caso a Liberto, se molestó y obligó, sin dejarse de asombrarse y verla misteriosa, leyó: la introducción a Santo Tomás de Aquino: Los orígenes de la Escolástica se remontan al siglo VIII, Mistral, veía relevante que Carlomagno promoviera y realizase una reforma cultural fundando y multiplicando las escuelas para impulsar la educación: Pensando primero en la educación de la infancia; y, en segundo lugar, en la educación del clero. Aquí comienza La Escolástica. La importancia de las creaciones de las tres escuelas: monacales, palatinas y catedralicias. El nacimiento de las Universidades. La Escolástica en un primer momento tuvo una orientación platónica. En el siglo XIII llega a imponerse la tradición filosófica aristotélica sobre la tradición platónico-agustiniana. Dos sendas diferentes se unen en un camino común, es decir, la razón y la fe convergen. La teología es la maestra; la filosofía es la sierva. A Mamen Mistral le importaba que en esta época Dios era el centro. Lo observaba con gran misterio, mientras tanto, su amargura se desvaneció misteriosamente.

 

22

“…al principio fue la música”, José María Piñeiro.

José, el escritor: Me he acordado que conocí a un amigo de ADIEM por la tarde, algo muy raro en mí, pues me viene mejor la mañana para salir. Iba con Julieta y otros amigos, y así, hablando, sin querer, un amigo especial que nos acompañaba resulta que se está recuperando de su dolencia te nombró, te llamó por tu nombre: José, yo me emocioné, el amigo era muy lector, pero con la patología mental lee menos. Esto ocurrió la pasada primavera. Los caminos son inescrutables e incognoscibles. Liberto le escribió un mail a José, el escritor, mientras escuchaba el último disco de Bunbury y Amaral.

En una noche remota de verano todos los amigos de Liberto y él estaban en una landa escuchando música, tomaban alcohol, una de las bebidas era: Grog. Todos sus amigos eran unos perfectos bohemios y Liberto era un auténtico dandi. Liberto se acordó cuando pasaba toda la noche en la calle con sus amigos queridos. Todo era verdad, no existía doblez alguna. Primero era la hora de la cena y después los tragos de alcohol todos los fines de semana. El principio de la felicidad es la música, pensaba Liberto mientras echaba centellas en un saco. Para él la música es una verdadera transubstanciación, también transverberación y auténtica transfiguración. Y se imaginaba el monte Tabor y el monte Parnaso.   

 

viernes, 23 de agosto de 2024

Las arenas del cielo. (así ha sido y será). Rafael González Serrano. (Celesta)



 

Las arenas del cielo. (así ha sido y será). Rafael González Serrano. (Celesta)

“Quiso ser luz, y contra la luz se rebeló”, del poema: Sobre la luz rebelde. Nadie existe más fuerte que el Todopoderoso. Es el primer verso de este poemario luminoso de una sutil mística. Encontramos rebeldía ante lo que yo diría el silencio de la divinidad. “Y vagaré, maldito, aullándole a los planetas lo arbitrario de mi destino”. El poeta se sumerge en las aguas de la mitología sumeria, con el poema titulado: El viaje de Enkidu. El mito es realidad, nos dice Mircea Eliade. “Me creó la diosa Ninhursag con arcilla dotándome de una condición agreste”. El poeta se convierte en soberano y así lo canta. “Rebelde o benefactor, te alcanzó así mismo el castigo”, del poema: Castigo y restitución. Rafael González bebe del hontanar cristiano y del manantial de mitología griega. En las alas de la arrogancia encontramos soberbia, caída y mofas: “no te eleves demasiado pues los rayos del sol podrían derretir la cera que ensambla las plumas”. El poeta se enfrenta a La prueba arbitraría: “más que un premio a tu virtud es el reconocimiento de una atrocidad”. Y me pregunto: ¿cuántas injusticias sufrimos en la vida? “Grande fue su alborozo/ entre alabanzas y gritos;/ del enemigo el terror, / que así pudo ser vencido”. Versos de una heroicidad contra un tirano. En El fuego justiciero nos advierte de seguir con honestidad al Hacedor. Morir entre columnas y la nueva alianza con Él. El peso de la culpa y ser temeroso de mi Señor. El ángel del Señor no abandona al piadoso: “Y les curé pues no en vano mi nombre es el de la salvación divina”. El arte de la guerra: “La guerra es el principal instrumento para conseguir la paz”. En el filo de la danza: “…como si con mi danza fuera a recibir/ en bandeja la cabeza de un hombre”. Las tentaciones: “Pero todo ello es contrario a servir al Señor”. La gracia espléndida: “Y quien combate a la estéril muerte”. La cadencia de las horas: “Es la espera marcada para saber que el destino es un preciso final”. El borde de la orilla: “cuando la boca del ocaso decide engullirnos”. Los signos de la vida/muerte: “…y la eternidad es un misterio que ignoramos”. Al filo de la hora: “Espero el alba, que será mi ocaso”. Latidos de espera: “Y te grito en silencio para mis entrañas: “lucha”. Las llamas creadoras: “Pero mienten; mis enemigos intentan manchar mi nombre para negar mi soberanía”. Las crines de la estepa: “Ante el fuego, con las ramas crepitantes, satisfarán su fatiga con el botín de sus capturas”. Descargos del felón: “Que no es felonía, que es justicia, librarlas del agresor a mi ciudad y señora.” Las arenas del cielo: “Somos un pueblo sin fronteras que vaga por las arenas del cielo”. El sudor del acero: “El anhelo nuestro solo habita en el corazón de los que aspiramos – aún a sabiendas de su imposibilidad – a la condición de los dioses”. El cabello salvador: “Y, sobre todo, que me salvé a mi mismo tirando de mi caballo hacia arriba para no hundirme con mi cabalgadura en una ciénaga”. Más allá: “Reanudamos nuestro rumbo” … El poemario en prosa poética consta de tres partes. 


lunes, 19 de agosto de 2024

Francisco Ramón Blas Jara



Francisco Ramón Blas Jara

 

Nos volveremos a ver.

 

Angustiosa y trágica noticia

de un invisible demonio

llamado enfermedad

que en un tu último anochecer, padre mío

te arrebató cruelmente tu vida

dejándonos a todos los que te querían una gran herida

con la esperanza que también fue la dulce llamada

de un Amigo tuyo que en tu vida tanto admirabas.

Rayo de tormenta

atrapados los corazones que te quieren

lloran encarcelados en medio de la tempestad

en el diabólico sufrimiento

de tu ida, porque te vamos a echar mucho de menos.

Tinte de alegría en este gris día:

porque nadie duda

que en el paraíso descansas:

por tus cometidos hechos

en esta diabólica y divina vida.

Con tranquilidad podemos descansar todos nosotros

porque tu viaje es al merecido y bello paisaje lleno de eterna ventura.

El 15 de octubre de 2002

nuestro peor día de nuestra vida.

Desde hoy miro al cielo y aunque es el mismo

lo siento y lo veo distinto

creo que desde allí nos observas y ayudas

y cuando estoy solo, tu compañía noto.

En el doloroso hasta luego, estábamos todos:

repleta la Iglesia de las Salesas

no cabía más de tu gente en ella

muchos esperaban fuera.

Ha sido un símbolo tu muerte:

de tu humildad, sencillez, entrañable corazón

firme creencia cristiana y católica

para toda la humanidad de tu trozo de mundo y vida.

Todos orgullosos de ti te honramos.

¡Padre mío, amigo mío, hermano mío!

A pesar de las lágrimas

del amargo dolor por tu perdida

e inmerecida ausencia

gritamos todos en silencio

desde nuestro herido interior

en esta efímera despedida

esperando al eminente día:

todos te decimos hasta más ver.

Francisco Ramón Blas Jara,

“Hilario”,

¡Padre mío, amigo mío, hermano mío!

Nos volveremos a ver. 


sábado, 17 de agosto de 2024

Leyendo a Martin Amis. Desde dentro.

Martin Amis. Desde dentro

Martin Amis nos confiesa cuál es su Pecado Capital. No es la Ira.

Las páginas 12 y 13 son inconmensurablemente hondas que hablan de la figura del escritor.  

“La literatura inglesa está imbuida de la Biblia, y resultaría irreconocible despojada de esas cadencias. Algo innegable. Pero es el poema, y no la novela, el territorio natural de la religión; y los poetas religiosos rondaron en torno al centro del canon durante un milenio. La poesía y la religión son en cierto sentido coeternas, y tienen que ver quizá con anhelos anteriores a la escritura…” (página 53)

“Los escritores han de encontrar su propio camino a su propia voz”. (pág. 14)

Martin Amis es ilimitadamente culto, sus memorias son enciclopédicas y nos hace reír sutilmente.

Relata un poco sobre política. Nos presenta a su mentor.

Continuará...

El Reino de los Cielos (Capítulos 19 y 20)

19

“…la escritura dura lo que la fiebre”, Manolo García

          El escritor nos hace mirarnos al espejo. La literatura es un susurro para el alma. Una persona se forja escritor contra todo pronóstico. El éxtasis del escritor se manifiesta después de mucho esfuerzo y trabajo. La fiebre del escritor se siente un poco todos los días, sin embargo, otras veces es mayor y no puedes parar de escribir. Los escritores nunca mueren. Después de un éxito para un escritor le esperan tiempos febriles. Las palabras afloran escribiendo, proceden de lo arcano, alguien habla a la conciencia del escritor desde un lugar ignoto. Liberto necesitaba leer y escribir como el comer y el respirar. También les ocurría a sus amigos literarios y a Agatha. Todo libro contiene un tesoro, con la aventura de la lectura es descifrado. Todos los amigos de Liberto y él no se olvidaban del tesoro de la fe. Liberto el más fervoroso les recordaba y se recordaba: “¿Cuáles son tus alegrías?, ¿Cuáles son tus temores?”, de san Juan de la Cruz, y añadía: Deja que el Verbo conviva en tu castillo interior, deja que more la divinidad en tu intimidad. Que tu verbo, tus palabras hablen de verdad y amor. Hay demasiadas almas sin consuelo. Demasiadas injusticias. Abundantes guerras porque el corazón del hombre no es pacifico. Glorifica a Dios con tus obras. Ayuda al pequeño. El verdadero escritor es comprometido. Con nuestra vida podemos escribir otro Evangelio. Y que arda el mundo de amor. Aunque muera ajusticiado, torturado, asesinado, esté en el exilio o en la cárcel escribiré, siempre escribiré hasta derramar la última gota de sangre y con ella firmaré amor en el abajo firmante, se dijo Liberto.

Agatha dijo a Julieta que leyó unos escritos que decían que el suicidio en el hinduismo es una acción religiosa. Ella estaba a favor de la eutanasia. Sin embargo, Julieta (tenía debilidad por los animales y las personas mayores) prefería los cuidados paliativos y la muerte natural. Y añadía que los médicos se forman para salvar vidas y lo ético y lo moral es mirar por la vida del paciente. José, el escritor, meditaba sobre el sacrificio de un animal cuando este estaba sufriendo y no había otra salida. Liberto comentaba que Cristo murió torturado. Mamen Mistral afirmaba que había que morir heroicamente, pasara lo que pasara. Miguel Lapierre le llamaba la atención el suicidio, ¿cuántas personas han muerto así? Sin embargo, añadió que no somos dueños de quitarnos la vida.

La vida es un regalo, dijo Liberto.

          Es el triunfo de la vida, afirmó Julieta.

          Un regalo de Dios, comentó Agatha.

          El mundo está muy necesitado de calor humano, dijo Jose, el escritor.

          El mundo necesita amor, dijo Mamen Mistral.

          El mundo necesita al gran Amor, dijo Miguel Lapierre.

 

20

 “…Eres la que escribe casi sin ti…”, “…amas la vida como a un asesino…” “…te apartas de los días para quedarte en los libros…”, versos de Javier Puig que dedica a Alejandra Pizarnik.

          A partir de 1989 con la caída del Muro de Berlín y la desintegración en 1991 de la URRSS somos más libres. Liberto era un adolescente cuando fue testigo de estos grandes acontecimientos que dieron libertad a millones de personas.

          Estaban en su casa Penélope y Liberto, aunque no gozaban de su zona de confort. Sus hijos dormían, era medianoche.

Tenemos que ser proactivos, dijo Penélope.

          Es cierto. No tenemos que ser pasivos, dijo Liberto.

          ¿El sujeto tiene toda la responsabilidad?

          Hay ciertas cosas que se escapan a la persona y no puede controlar.

          ¿Por qué no nacer en un Paraíso? El dolor es inevitable.

          Empezamos a vivir y ya comenzamos a sufrir. Adoro mi arresto domiciliario literario.

          Tú me das vida. Aunque prefiero tu poesía porque haces de mi vuelo que no sea enjaulado, vivo tu poesía en la pena y en la alegría. 

Toda poesía contiene un mensaje que procede de lo arcano, incognoscible su hontanar. Leemos el arte de las palabras que alimenta a nuestro corazón.

 Me aferro a tu poesía para desafiar a mis mayores miedos.

 Yo soy tu héroe.

Y yo tu heroína.

No me importa ser pequeño.

Yo también tengo mis limitaciones. Y así amo lo poco que tenemos.

Es bueno abandonarse e imaginar que estamos en el regazo de la divinidad.

Tienes razón. Acecha el dolor, pero esquivo al sufrimiento con una buena película, con una buena canción o con un buen libro. Pero sobre todo tu poesía.

 

miércoles, 14 de agosto de 2024

EL ESCRITOR ENAMORADO. JAVIER PUIG.


Sobre El escritor enamorado, de Francisco José Blas Sánchez

 

Encontramos en esta obra una libertad compositiva que favorece la amenidad a lo largo de todas sus páginas

 

 

El escritor enamorado (2024) es la segunda novela publicada por Francisco José Blas Sánchez, tras La razón herida, y después de cinco poemarios editados por Celesta. Encontramos en esta obra una libertad compositiva que favorece la amenidad a lo largo de todas sus páginas. Apenas hay zonas de relato lineal, y la narración de lo que hace, siente, adora y piensa un grupo de amigos, se hace a partir de las diferentes entradas, a modo de pequeños textos que podrían ser los del diario de un melancólico observador del mundo propio y el adyacente, un mundo que va desgranando en sus conceptos y en las almas que lo ocupan, dando preferencia a la de Liberto, que se convierte en un protagonista que, en la mayor parte del libro, se arroga la primera persona, y de quien sospechamos que pueda ser el alter ego del autor, como tantas veces ocurre en las ficciones.  

A partir de las numerosas citas, de las incontables referencias, vamos conociendo las aficiones del protagonista, sus andanzas y las de sus amigos. Encontramos allí la omnipresencia de la música. Muchas entradas se inician con un epígrafe que dice: “Suena la música de…”. Y esos músicos pueden ser del pop, del rock y de música clásica. Y también está continuamente presente la literatura. Liberto es cantante de rock, pero también escribe, como lo hacen la mayoría de sus amigos. Y no falta la religión, tan apreciada por el autor como elemento ético. Ni las reflexiones sobre la actualidad, como la guerra en Ucrania. Pero tampoco las disquisiciones filosóficas. Todo ello contribuye a una riqueza de temas y perspectivas muy de agradecer, a una narración que tiene algo de ensayística pero que no pierde nunca el pie de la emotividad propia de unos personajes que sentimos muy reales, representantes de la más fundamental y cercana humanidad.

No es solo la diversidad de temas lo que contribuye a la viveza de esta narración fragmentada, sino también la variación en los enfoques, que van desde el relato en tercera persona, a la confesión en primera, a los diálogos, o a las numerosas y acertadas citas: “La vida es terriblemente milagrosa, dijo Augusto. Sí, amigo. La vida es terroríficamente bella, dije. “El dolor y el sufrimiento son siempre inevitables para una gran inteligencia y un corazón profundo. Las personas realmente grandes tienen una gran tristeza en la tierra”, Fiodor Dostoyevski, dijo Augusto”.

En los personajes −y especialmente en Liberto, el protagonista− respiramos una atmósfera de empatía, de buena voluntad: “Me conozco y me acepto y sigo caminando. Mi decisión por hacer el bien, por crear belleza, por hacer sentir bien a los demás es irrestricta. Oro a los dioses para no ser irredento. Para los dioses no somos irredentos. Para ellos somos luminosos, somos sus predilectos. Yo, sobre todo, canto a los últimos y pequeños (la fuerza la tienen los pequeños), a los desarraigados. Y ellos sonríen. Sin lugar a duda, son preeminentes”.

Hay también aquí una reflexión sobre la enfermedad mental, una defensa de la vida apostando por extraer sus más elevadas y benignas consecuencias: “No se sabe ciertamente qué es lo que provoca una neurosis… La mente sigue siendo hoy bastante desconocida. Para vivir esta vida hay que estar un poco loco, la verdad. Escritores y artistas han enloquecido. Otros se han suicidado. Nietzsche se volvió loco. Van Gogh era bipolar (tuvo alucinaciones y oía voces) y tenía epilepsia… Mantente hambriento y alocado, dijo Steve Jobs”. Hay que preservar, por encima de los golpes recibidos, un heroico proyecto de benignidad propia: “Nunca endureceré mi corazón. He probado de la hiel, pero no me ha vencido. Como arma tengo la palabra, la poesía, la literatura y la música. Mis destinatarios son los últimos y pequeños. Los olvidados de los olvidados. Los oprimidos y marginados. Las víctimas. A ellos les escribo y les canto”.

Y es que los personajes tienen un permanente trasfondo sombrío, pero luchan por iluminar la vida, por ensalzarla derrotando la tentación de la parálisis, de la queja: “Ando últimamente un tanto mohíno, taciturno. Ahíto de mí mismo. Quedo y solitario medito…En realidad, no sé si soy feliz o tal vez sí. Tengo momentos gozosos. Escribir o componer canciones me hace feliz. Leer un buen libro o ver una buena película me hace feliz. Creo que la felicidad se halla sirviendo a los demás. No me gusta que me constriñan cosas absurdas, cosas tontas. Soy un anarquista enamorado…”. Amar la vida es una elección insobornable: “La melancolía me hace escuchar a Medina Azahara, sus tristes o dramáticas canciones serenan mi alma y me hacen recordar cuando fui feliz… ¿Sufro más ahora o antaño? No lo sé. Elegí el amor y la verdad para sobrevivir. A pesar de sufrir el desamor”.

Pero ese afán de vitalidad no se construye sobre los momentos de la apariencia, sino que no elude los múltiples retornos a un desaliento contra el que hay que luchar: “Parafraseando a Denise Levertov, no sé si soy lo que pienso o lo que me ocurre. Ando una temporada con el pensamiento limitado (como si sufriera alogia) …”. “Miedo, tengo miedo, miedo a vivir, miedo a la muerte. Me aterra estar en el mundo, me angustia escucharme por dentro”.

Encontramos un lamento por cómo está hecho el mundo y por lo difícil que resulta crecer sanamente en él: “No nos enseñan cómo vivir. La maldad nos rodea. Los errores nos carcomen. A todo esto, cavilando, lo veo todo diáfano. Creo saber quién soy; soy ese niño que fui. Soy solo un niño. Un niño asustado quizás, pero un niño, se dijo”. Escribir es un alivio, un pequeño triunfo no demasiado alegre pero que hay que renovar, una actividad noble: “En la vida hay demasiada hostilidad, un mundo de odio y por consiguiente falto de amor. Por eso escribo, es mi forma de ofrecer mi amor al mundo”.

Y Liberto se pregunta cómo salvar esa distancia con los otros, a veces tan opuestos, tan distintos: “Al relacionarme con las personas vivo la alteridad, me siento distinto con las diferentes personas… Con cada persona siento un yo diferente o soy mis yoes. Es la multiplicación del yo”.  Ese puente tal vez sea la empatía extrema: “Liberto tenía un deseo satisfactorio: quería ser el tú de su amada. Quería ser el tú de sus amigos. No quiere ser yo, sino tú… Los otros son una oportunidad, dijo Liberto”.

El escritor enamorado es una novela singular, de tendencias anárquicas, que se apoya en una prosa que lejos de pretender oraciones largas, perfectas, busca la verdad a través de la acumulación de frases cortas que van constituyendo la veracidad de un pensamiento complejo y emocionado. El lúcido y sincero acercamiento a los personajes nos transporta a la vivencia de sentimientos limpios y nos sitúa pacíficamente en esa ardua lucha por una felicidad que nunca se completa, que debe convivir con los claroscuros y los altibajos de una realidad que hay que amar, aunque solo resulte parcialmente satisfactoria. 

Javier Puig

LA ESCRITURA QUE SALVA. LA POESÍA DE PACO BLAS

miércoles, 24 de mayo de 2023

LA ESCRITURA QUE SALVA. LA POESÍA DE PACO BLAS

 

Escribir no es sólo una pasión o una profesión, también podría conceptuarse como la más inteligente terapia, como la medida más eficaz para conjurar los propios fantasmas.

 

Y si esa escritura lo es de poesía, la elección añade belleza y harmonía a ese deseo de autorepresentarse en un texto.

 

Destaco este carácter específico de la escritura poética porque ante la figura de Francisco Blas, Paco Blas para los amigos, me veo en la necesidad de subrayar la idoneidad de tal elección y el papel especial que posee.

 

La circunstancia específica que el autor vive - una dolencia particular - halla en la expresión poética no sólo un lenitivo extraordinario a tal circunstancia sino que rescata para nosotros su imaginario que se nos ofrece a través de poemas generalmente breves y absolutamente francos.

 

Todo poema viene a ser una confidencia, y, como todo autor, Paco Blas se confiesa en sus textos, pero su confesión es singularmente crucial para elevar su conocimiento de sí y distanciarse de la mortal indiferencia que supondría no reaccionar creativamente ante lo que uno sufre de modo especial.

 

Observo la decisión inteligente de Paco de utilizar el lenguaje para “curar” su propia alma y pienso en amigos comunes que, ante lo irreductible de las circunstancias que tuvieron que vivir, hicieron lo mismo, elegir la poesía como medio máximo de expresión.  Me viene a la mente, por ejemplo, el nombre de Jöel Busquets, un poeta francés que estuvo cuarenta años hemipléjico, sin salir apenas de su habitación y que creó una de las obras poéticas más singulares del siglo XX en el país vecino.

 

Todos estamos heridos de algo o por alguien. Escribir poesía, lo repito, es el modo más brillante de conjurar tales males y también la forma de mostrar con contundencia una sensibilidad personal.  

 

Los tres últimos poemarios de Francisco Blas surgen de un concebir la escritura como ese método de dominar, describir y expresar la madeja de sueños, deseos y ansias que es uno en el existir. La libertad del alma, Tragicomedia y Mujer componen una tríada temáticamente distinta pero de tono y aspiraciones expresivas comunes. Es por esto que prefiero referirme a la poesía de Francisco Blas como eso mismo, como una sola, como una misma materia de invención que no esconde nada sino que vence todo pudor para exponer sobre la mesa lo que deseó, lo que desearía y lo que desea, a pesar de las limitaciones que supone considerar la realidad circundante y la realidad propia.

 

La cordialidad de la palabra lo permite y la intencionalidad del poeta viene a ser una, la de construir una conciencia de su historia anímica gracias a esa plasticidad maravillosa que presta la escritura poética.

 

Con respecto a las incidencias de esa historia interior que Paco Blas repasa en cada uno de sus poemas, en su poemario, La libertad del alma, nos hace varias confesiones: no quiero dejar de ser ese niño que fui, nos dice, sabiendo muy bien la bendición inocente en que vivíamos durante la infancia y recordándonos que es posible, a través de la memoria y el deseo puro, no perder tal tesoro. Y reincidiendo en lo dicho y como dándonos esperanzas, afirma: como eterno retorno: el cielo es del niño.

 

A través de la musa poética se desgranan los mejores sentimientos. Paco Blas afirma contundente, con vigorosa nobleza: Sólo sé que amar es más que un mandamiento.

 

En los poemas de Tragicomedia, Paco Blas repasa varias figuras, tanto reales como ficticias, - Ana Frank, Irene Villa, Serlock Holmes - y de nuevo aparece la salvífica alusión a la infancia, incluso a la adolescencia como objetivo del alma que se deshace de las miserias del presente: anclada en el pasado tengo una imagen de mí completamente feliz, allí quiero llegar desde este presente naufragado. 

 

Y quizá el poeta nos recuerda que esa es la íntima meta a conseguir por todos pues el presente se estanca en la desesperanza y la imaginación debe reaccionar: como herencia un descolonizado paraíso, nos dice, especificando los términos de la realidad en que se vive.

 

En el trabajo poético Mujer, la actualización del alma deseante nos habla de los amores que fueron, de los posibles y de los imposibles, y además del melancólico recuerdo de lo que fue la adolescencia, nos brinda un deseo de recuperar lo que de bella locura supuso aquella época sentimental y vital en el emotivo poema Escapemos de la ciudad, que cierra el libro: pronto amanecerá y moriremos. Arde la ciudad en la noche… Creemos un hogar bohemio donde el amor es libertad volviendo a ser adolescentes.

 

Aunque las adversidades propias y ajenas supongan un límite al vivir y el tiempo parezca funcionar en contra, a través del canto del poeta la llama de la esperanza surge y nos interpela con precisión luminosa. En Amanece, dice: la vida te espera, puedes ofrecer mucho, eres un centinela: la muerte no existe.

 

La muerte no existe, nos dice, ni más ni menos, el poeta, pero es que en estos extraños tiempos de involuciones y de confusiones programadas, quizá sólo sea un poeta quien se atreva, bellamente, a decir tal cosa.

 

José María Piñeiro

 

 

 

Stefan Zweig Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievski)

Estoy leyendo este libro del célebre Stefan Zweig, es una delicia, sobre todo me encanta el apartado que le dedica a Dostoievski, el ensayo ...