La Tierra y el Cielo de José Manuel Ramón (Ars Poética).
El poeta José Manuel Ramón
nos ofrece lo que ha visto, lo que el poeta solo puede ver, quizás para
nosotros sea una mirada inaugural, haciéndonos pensar en lo prístino, lo
primerísimo o primero. En el sentir del poeta está muy vivo lo oriental. Se
percibe un canto a Grecia, una de las madres de nuestra democracia, como a lo
ancestral. (Icaros que el sol derrite su cera, como hablando de nuestra
fragilidad humana). Su mirada llega a observar el cosmos. Leemos poemas
bucólicos. José Manuel se hace muchas preguntas. Podría decirse que sus poemas
son abstractos, sin embargo, no escapan al lector voraz o quien detenidamente
los lee. La Tierra y el Cielo me ha hecho recordar la obra El Canto y
la Ceniza de Anna Ajmatova y Marina Tsvetáieva por lo profano
y sagrado del sufrimiento del poeta, que busca las puras aguas de la sabiduría.
Lucha contra la secta de lo terrenal, esperanzado en la fraternidad celeste,
sabiendo que el ser humano no es superficial, que en nosotros hay una
espiritualidad profunda, como el poder del Chamán.
El poemario consta de tres
secciones. No he leído algo tan original por la forma de cómo están escritos
los poemas, sin embargo, podría pensar en el libro Ansiada del aire de Fernando
Pastor – Mata.
Versos de mirada esperanzada: “Como
vosotros fuimos largo tiempo/ mas no temáis oscuridad alguna:/ Vive de nuevo
quien los ojos cierra”
Versos de difícil composición,
de un lenguaje muy elaborado: “¡que un ente/ guarezca espíritus animales/ en
humanizados recintos/ y que irrigue milenios/ la noche profunda.”/ ”…así ellos/
como (nos)/ otros en holocausto oscura/ transparencia”.
“una bronca/ ventisca reajusta
paisajes/ con tal intensidad que hiere la mirada”
“¿dónde/ la potestad del amor/
atemperado luna/ ciones?”
Me ha hecho pensar e imagino
la mente de nuestro poeta José Manuel pensando en el prehistórico cielo vivo en
nosotros, viviendo el anhelo insatisfecho en lo terrenal y la oscuridad más
profunda sin querer vacilar o asustarse, iniciando así su diálogo con nosotros.
Es curioso cómo en la soledad el
alma del poeta y el lector conectan mediante un libro, pensando en la distancia
física o generaciones venideras. O la seducción del verdadero artista ante su
obra excelente.
A José Manuel Ramón le debo
haber podido publicar en Empireuma, junto a Zeron, Ada y Piñeiro,
a pesar de ser yo de diferente generación y más joven.
