sábado, 21 de marzo de 2026

La pobreza

La pobreza

“Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta”, san Agustín.

Cuando damos limosna material, la persona necesitada nos ofrece la limosna espiritual.

En el viaje de la vida nos acompañará el pobre, además, podríamos ser cualquiera de nosotros.

Un pequeño gesto de caridad puede convertirse en la multiplicación del amor.

Dios no quiere que vivamos en la miseria, lo que desea de verdad es que tengamos fe, amarle, amar al prójimo y a uno mismo.

De la fatalidad de las hambrunas responderán sus responsables.

Bienaventurado el que ayuda al pobre, porque no te lo puede devolver, sin embargo, Dios ve en lo secreto y te pagará lo merecido.

En la resurrección de los justos serán preguntados por el amor que ofrecieron en su vida.

No entiendo a la gente que estigmatiza al pobre, le hace daño y no le ama.

“No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación”, papa León XIV.

Cristo se coloca en el lugar de los pequeños, hambrientos, sedientos…

Respondamos con generosidad y caridad. Demos con alegría.

Jesucristo no tenía posesiones ni dinero y lo tenía todo. Dueño de cielo y tierra.

Hombres y mujeres reciben en esta vida bienes o males desde los altos cielos.

La divinidad quiere que nos enamoremos de lo celeste, de la espiritualidad, que nos amemos los unos y los otros y que busquemos el tesoro divino. Y quiere que lo compartamos con nuestros hermanos y en primer lugar están los más vulnerables.

No se trata de tener, sino de ser; y no solo ser, sino sentir.

España es un país solidario. Aparte de dar hay que darse.

Echo de menos más políticas sociales.

Los pobres rescatan países y ganan guerras.

¿Podríamos desobedecer por alguna vez a Cristo y erradicar toda pobreza?

¿No es la caridad una de las mejores aventuras de la vida?

El mayor ejemplo de amor es lo que hace la viuda que lo ofrece todo como limosna que describe el Evangelio.


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