La pobreza
“Da lo que tienes para que
merezcas recibir lo que te falta”, san Agustín.
Cuando damos limosna material,
la persona necesitada nos ofrece la limosna espiritual.
En el viaje de la vida nos
acompañará el pobre, además, podríamos ser cualquiera de nosotros.
Un pequeño gesto de caridad
puede convertirse en la multiplicación del amor.
Dios no quiere que vivamos en
la miseria, lo que desea de verdad es que tengamos fe, amarle, amar al prójimo
y a uno mismo.
De la fatalidad de las
hambrunas responderán sus responsables.
Bienaventurado el que ayuda al
pobre, porque no te lo puede devolver, sin embargo, Dios ve en lo secreto y te
pagará lo merecido.
En la resurrección de los justos
serán preguntados por el amor que ofrecieron en su vida.
No entiendo a la gente que
estigmatiza al pobre, le hace daño y no le ama.
“No estamos en el horizonte de
la beneficencia, sino de la Revelación”, papa León XIV.
Cristo se coloca en el lugar
de los pequeños, hambrientos, sedientos…
Respondamos con generosidad y
caridad. Demos con alegría.
Jesucristo no tenía posesiones
ni dinero y lo tenía todo. Dueño de cielo y tierra.
Hombres y mujeres reciben en
esta vida bienes o males desde los altos cielos.
La divinidad quiere que nos
enamoremos de lo celeste, de la espiritualidad, que nos amemos los unos y los
otros y que busquemos el tesoro divino. Y quiere que lo compartamos con
nuestros hermanos y en primer lugar están los más vulnerables.
No se trata de tener, sino de
ser; y no solo ser, sino sentir.
España es un país solidario. Aparte
de dar hay que darse.
Echo de menos más políticas
sociales.
Los pobres rescatan países y
ganan guerras.
¿Podríamos desobedecer por
alguna vez a Cristo y erradicar toda pobreza?
¿No es la caridad una de las
mejores aventuras de la vida?
El mayor ejemplo de amor es lo
que hace la viuda que lo ofrece todo como limosna que describe el Evangelio.
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