sábado, 10 de agosto de 2024

El Reino de los Cielos (Capítulos 15 al 18)

15

Como dijo el escritor francés Stendhal, «el amor es una flor que crece junto al abismo»

La poesía es el amor de Penélope y Liberto que podría fracasar. La poesía nace del cosmos y se trasmite mediante el espíritu. La poesía son los hombres y mujeres que custodian la ciudad en la madrugada. La poesía son los que preparan las calles. La poesía es el camión de la basura en una noche silenciosa. La poesía es un hombre desvencijado que halla un tesoro en el contenedor de la basura que alguien lo ha desechado. La poesía es una ambulancia que como un rayo cruza la ciudad mientras se apartan los coches. La poesía es un jornalero o una obrera trayendo dinero y pan a sus hijos. La poesía es una noche de paz, quizá navideña, mientras una madre tiene a su hijo en el regazo. La poesía es amistad, la poesía es amor. La poesía es un problema, algo acabado, algo que surge, incluso tristeza, porque hay belleza. La poesía es un cementerio porque sólo están los huesos, el alma vuela libre en la eternidad. El mundo está lleno de poesía. La vida misma es poesía. La poesía es el amor de Dios. La poesía son los silencios de quienes aman y basta con una mirada. La poesía es un pecador convertido. La poesía es un enemigo que desea ser tu amigo.

         

Se reunieron Penélope y Liberto en la biblioteca, más tarde comerían por ahí en algún lugar de la ciudad. Quizás en el gastrobar Villena.

Te voy a contar un secreto Liberto, dijo Penélope.

          Soy todo oídos.

.         Cuando amo a un hombre le miro con disimulo. Le observo con cuidado.

          Vaya. Interesante.

          ¿Y sabes qué pienso cuando hago el amor?

          Pues no sé. Ni idea.

          Yo como mujer no hago el amor, hago poesía.

          ¡Es cojonudo! Yo te diría que amar es un acto poético.

          A un joven o adulto que esté cansado, agobiado, abatido, incluso asqueado de la vida injusta y bella; y, del mundo anodino y bello, le diría que quedara y hablara con un buen amigo o una buena amiga. Pero, sobre todo, que se hiciera amigo de los libros. Se vive en la imaginación miles y millones de aventuras que sanarán tu alma, pensó Liberto.

16

“Los libros son el reflejo del alma”, Virginia Woolf

          Julieta estaba viviendo unas coincidencias sobre el cristianismo. La otra noche vio un documental sobre el síndrome de Jerusalén. Y una joven de la provincia de Alicante la va a canonizar el papa Francisco y a ella le dieron la información. Por un momento pensó en la casualidad, pero la casualidad no existe. Estaba viviendo la sincronicidad de Carl Jung. A Liberto le llamó poderosamente la atención. De repente el cielo se cubrió de nubes y disfrutaron de una agradable brisa a pesar del calor del verano. Liberto pensó en Dios. A ella la veía tan noble, seria, trabajadora, empática… no pararía de hablar bien de Julieta. Estaban reunidos en K Robert. Se unió Agatha de ADIEM que también escribe. Ella dijo a Julieta y a Liberto que en los talleres de escritura no enseñan a redactar. Añadió Liberto que uno aprende a escribir solo. Agatha recibía con gusto escritos que le facilitaba Liberto. Ella estaba escribiendo una novela romántica, con fantasía y misterio. Y le gustaba mucho la mitología.  

          ¿Has tenido algún caso de que una persona no pudiera leer por estar saturada?, preguntó Liberto.

          La verdad que no. No he conocido ninguna persona así, respondió Julieta.

          Yo cuando no puedo escribir, entonces, me pongo a leer vorazmente, dijo Agatha.

          Conozco a un tal Quique que fue precoz leyendo y al sufrir ahora la patología mental no puede leer. Creo que hay personas que están saturadas, cansadas y no tienen fuerza para realizar el esfuerzo de leer, sin embargo, tienen muchas ganas, dijo Liberto.

          ¿Y la de libros que jamás leeremos?, preguntó Julieta.

          En la otra vida lo leeremos todo, dijo Agatha.

          Toma Agatha te paso los primeros capítulos de mi tercera novela titulada: El reino de los cielos, dijo Liberto.

          Qué bonito el titulo dijeron la dos.

          Agatha era una mujer muy educada. Era fuerte como un roble y lista como un lince.

          Liberto se acordó de sus amigos literatos y cuando se unía Agatha a la conversación disfrutaban de la vida y de la literatura. A Julieta le gustaba mucho la filosofía.

          No sé el porqué de no estudiar bachillerato, pues yo escribo desde la adolescencia, dijo Liberto.

          Lo hubieras disfrutado mucho, comentó Julieta.

          Como dijo Max Aub: uno es de donde ha estudiado el bachillerato, dijo Liberto.

          Julieta y Liberto aconsejaron a Agatha que leyera a los clásicos de filosofía y ella aceptó encantada.

          Julieta y Liberto se miraron a los ojos al despedirse. Fue una mirada cálida y verdadera. Agatha se despidió con una gran sonrisa dibujada en sus labios.

 

17

“Es duro el amanecer para el inocente”, José Luis Zeron Huguet

          A Liberto le gustaba que la literatura fuera la vida misma, le encantaba que la literatura le hiciera reflexionar y, que reflexionara de la vida con todos sus matices. Había llegado el momento en la vida de Liberto en que quería y tenía que leer mucho, pues sufría de soledad, pero le encantaba la idea. José, el escritor, le dijo que había que leer mucho, escuchar mucho y hablar poco. Nuestra querida Elvira Sartre veía injusto que uno sea un privilegiado por vivir del arte. Miguel Lapierre lamentaba que no pudiera escribir novelas. Juan Manuel de Prada no pudo conseguir escribir poesía. Y J.P. no se sentía capaz de escribir narraciones, aunque escribe bien. Mamen Mistral se convirtió en una intrépida periodista y entrevistó a poetas excelentes cercanos a la generación Empireuma. Ella dice que es una loca muy cuerda. Luchar por los sueños es duro, la vida es dura, ciertos sueños se cumplen con amargas experiencias, pasado relativamente un tiempo. Después de la tortura de la mala suerte, de la frustración, del esfuerzo, de las pocas alegrías, amanece y los pasos son luminosos por una pequeña conquista. El trabajo del escritor es duro: tienes que leer y escribir mucho y, además se lee y escribe cuando uno puede y no cuando se quiere. Los amigos literarios de Liberto tenían buen olfato, eran buenos sabuesos literatos. Él recuerda de adolescente la solidaridad de Bono de U2, Pink Floyd y The Cramberries, por ejemplo. Con una voz y unos instrumentos estaban haciendo una revolución. Y escritores comprometidos como Dominique Lapierre transformaban el mundo, el Liberto adolescente quería ser como ellos. ¡Qué difícil es ponernos de acuerdo! Sin embargo, de vez en cuando surge la chispa y nos hacemos uno. Llegará ese día que al alba despertemos en un eminente día, después del último anochecer y, vivamos nuestra liberación alcanzando la iluminación.

El problema y la solución es el hombre. ¡Si todo hombre o mujer descubriera el verdadero tesoro! ¡Si todo hombre o mujer encontrara esa gran perla! Al alba despiertan los últimos, pequeños, descartados, desarraigados… Los pequeños que son guiados por la mano de Dios. Explotados y robados estos pequeños por los hombres de traje y corbata, fríos y calculadores, que como amigos entran y salen del reino de Belcebú, legión de demonios y lobos que acechan al hombre, chupando la sangre a los oprimidos, vampiros que cortejan a mujeres bellas, buenas y enamoradizas, ¿qué es más importante el amor o el sexo? Liberto y sus amigos estaban cansados de los enemigos que son amigos del maligno y plantan cizaña. Sin embargo, nada está perdido, el mal hace mucho ruido, pero hay mucho bien, personas bondadosas que no viven para ellos mismos, no son egoístas, dan batalla a la tribulación, buscan una salida, quieren ofrecer y ofrecen una ayuda digna, piensan primero en Dios, en segundo lugar, desean lo mejor para el prójimo y, en último lugar se premian ellos. El hombre agoniza con toda clase de violencia. Cobardes que arrebatan la vida a mujeres indefensas, a hombres vulnerables y niños inocentes. ¡Qué paciencia tiene la divinidad! Es dura la senda angosta, la puerta estrecha, sobrecoge el odio del mundo, aunque tranquiliza el yugo de Cristo. Liberto todos los días buscaba el amanecer, se acordaba de todos sus amigos y de sus amigos literarios. Escribiré, escribiré, escribiré y denunciaré toda injusticia y sea mi obra un canto al amor, una obra amorosa, que sea digna de ser leída después de la resurrección y se extienda por todo el universo, asemejándose mis libros al libro de la vida y en todos los planetas me lean, siendo yo digno de la bondad de Dios y sus ejércitos, las estrellas iluminen el camino de los justos y virtuosos y todo buen arte y buen artista viva eternamente mientras el arcángel san Miguel eliminé todo mal de la tierra y esta tierra baldía sea nueva, como el nuevo cielo en el sublime día de amanecer inocente, se dijo Liberto.

 

18

“El hombre nace engañado y muere desengañado”, como dijo Baltasar Gracián. Juan Manuel de Prada. Las máscaras del héroe. 

Para Liberto era importante ser cristiano. Imaginaba su muerte y posterior resurrección ofreciéndole Dios el aliento en su boca. La vida nos engaña, sin embargo, mantenerse con fe ante graves tribulaciones nos salva: Liberto y sus amigos salían airosos. Después de tormentas que te dejan humillado, florece la calma proporcionando dignidad. La vida desengaña, sí, se sufre de desengaño, aunque hay que aceptar los dones y talentos que uno tiene. Abrir cada mañana la ventana de nuestra habitación tenerla ordenada y que la gracia de Dios se manifieste. Los amigos literatos de Liberto les importaba la religión cristiana, pero él quería más. Celebrar la Eucaristía se le quedaba pequeño. Solía escuchar tres homilías los domingos; y, por lo menos escuchaba una cada día. Leía la Biblia. Donaba lo poco que tenía, era un pequeño filántropo, también era altruista. Sentía que era poco lo que hacía, quería hacer más. Liberto estaba convencido que Dios ni engaña ni desengaña. Una jauría de lobos quiere la decadencia en nuestras vidas, quieren una sociedad de amos y esclavos, acabar con España y el mundo, implantar totalitarismo, las ideologías intentan destruirnos: denuncian profetas intelectuales religiosos. Aunque la divinidad y sus ejércitos ayudarán y repararán a las almas inocentes. Vienen tiempos venideros de vidas épicas y heroicas. ¿O tal vez ha sido siempre así?, se preguntó Liberto.

          Sus amigos literarios y Liberto se preguntaban si la lectura estaba sobrevalorada. Todos ellos coincidían que de todas maneras era importante leer. Lo que para Liberto no estaba sobrevalorada era la fe. Creer y amar a Dios no estaba sobrevalorado, además, existía un déficit, por defecto nos olvidamos de Dios y entonces vienen los problemas. No sabía de la vida de nadie, no era un cotilla, ni un criticón, Liberto, consideraba que Dios le había podado (para dar más fruto) y que le estaba poniendo a prueba. Él se sentía muy espiritual después de años de sufrimiento, después de años procelosos. José, el escritor, decía que Dios no era justo, sin embargo, Liberto meditaba que Dios no tenía la culpa de nada. Miguel Lapierre comentaba que cuando crucemos la laguna Estigia, nuestra alma descansará eternamente, lo sabremos todo, repleta nuestra mente de conocimiento, no existirán secretos (los secretos no se escriben) ni mentiras y todo mal que ahora nos rodea y amenaza fenecerá. Mamen Mistral se caracterizaba en que era elusiva. ¡Cómo condenan algunos hombres y mujeres! ¡Mientras Dios quiere la salvación y no la condenación! “Dios no te salva de la tempestad, sino en la tempestad”. “Vivir sin miedo es vivir con Dios”. En la edad madura por la frialdad en que se vive parece que nuestra alma está atrapada en el círculo polar ártico. Aunque la guía la estrella polar. Julieta se preguntaba si en un futuro viviríamos en los millones y millones de galaxias existentes. Penélope pensaba que el amor es de infinito como el universo. Agatha en las tertulias comentaba que por las noches se retiraba al mar y antes del alba hacia el amor con los dioses y que le regalaron el Tridente de Neptuno. Encarecidamente nos pedía que no dijéramos nada. 

lunes, 5 de agosto de 2024

María Gainza. Un puñado de flechas. Anagrama.

La importancia de un carcaj no acepta aduladores, ni para hacer favores porque sí, sin contar con la persona. La importancia del carcaj fue que Coppola vislumbró y vaticinó el futuro de una escritora notable o excelente, que admiraba a los escritores, con sus más variadas lecturas (entonces María Gainza no escribía), creyendo que “la literatura era producto del genio joven”.

Me gusta escribir y leer autoficción. María Gainza está bloqueada para escribir, es dura la situación ante el folio en blanco o la pantalla del ordenador y no poder escribir nada. Quiere hacer otra cosa distinta para que le llegue la inspiración. Al contar con una maestra de pintura se lanza a la tarea.

Nos habla del deseo de coleccionar arte, el poder de la adquisición, de la investigación de la neuroeconomía. Rememora sus años estudiando la carrera de arte. Nos presenta y describe a un coleccionista enigmático. Él está interesado por ella. El coleccionista dice que él no compra. Imagina el inicio de su labor de coleccionista como la de un esteta. El coleccionista le explica su trabajo y le muestra su colección. En la narración utiliza rico léxico y términos en inglés y latín. Escribe variedad de citas culturales. Aparecen protagonistas del mundo del arte, personajes históricos que lo han estudiado y, nombra de soslayo el mundillo artístico. Con María Gainza se aprende arte de forma amena.

Gainza entabla conversación con un ave (“adecentando sus plumas como si literalmente hubiera caído del cielo”), como Nikola Tesla hablaba con una paloma. Curioso. Incluso místico. Es reflexiva. ¿Será María una santa, una persona asceta o una mística? ¿Desearía serlo? Todos tenemos nuestra parte espiritual. Mientras tanto escribe su narración. Aparecen títulos de libros que ha leído y escribe citas que tenía guardadas. También brota en la novela películas de cine.

Ella como fanática de Walden Pond, decidió estudiar a Boston, en Concord. Nos relata sobre el círculo de escritores los trascendentalistas. John Le Carré se encuentra en sus lecturas juveniles, sin embargo, destaca la lectura que hace de Walden.

María nos habla de sus problemas de salud. No me la imagino de borrachera en borrachera los fines de semana, aunque tiene hambre y sed de conocimiento. El libro es un ensayo y narración y contiene fotos. Algunas anotaciones de su diario han sido censuradas por su tono lúbrico.

Faltó poco para que Gainza publicara en una pequeña editorial, gracias a una amiga escritora, firmó un contrato con una gran editorial europea. Durante diez años de su vida se dedicó a ser crítica de arte.

Un editor le dio este consejo: “Salvo que hayas sido testigo presencial de un acontecimiento histórico, jamás uses la primera persona”. “La escritura de mis libros debe ser algo que sucede mientras hago otra cosa”, nos dice María Gainza. Ella es sensible. La sensibilidad aflora con la voz de la conciencia que en un estanque o lago se llena. También se le puede percibir como una mujer fuerte. Entretanto ella se rodea de arte, se llena de vida y no deja de escribir.    

 

viernes, 2 de agosto de 2024

Tributo y homenaje a José Luis Zeron Huguet

Tributo y homenaje a José Luis Zeron Huguet.

Como sabemos José Luis Zeron Huguet fue fundador y director de la revista socio-cultural La Lucerna, cofundador y director de la revista de creación Empireuma (codirige su mujer Ada Soriano), fue también periodista y aunque recibió diversos estudios, debido a su inquietud es devorador de libros y activista social; simplemente por importarle la gente.

 

Tuve la gran suerte de conocerle; sin duda fue un destino afortunado. Me dio su poemario Solumbre cuando yo contaba con diecinueve años. En el citado poemario sin duda da cabida a unos poemas herméticos. Como escribiría Miguel Hernández. Parafraseando a José María Piñeiro en el prólogo del poemario Solumbre: “La naturaleza el yo explorador del poeta la contempla en un espacio superreal”. Zeron quiere escribir bien, le da importancia al significado etimológico de la palabra. Podré equipararlo con grandes y célebres poetas. Admira al sabio y culto poeta Antonio Ortuño Aguilar con su poemario Septiembre y Otros Días. José Luis usa poemas bucólicos quizá por escapar de lo material de la existencia y expresar sus sentimientos de forma natural, y en sus poemas hay experiencia. Pero Huguet no es un poeta oscuro. Tiene en su creación poemas herméticos y también transparentes y mezclados entre sí. A pocos he leído o escuchado decir (o quizá a nadie, y si los hubiera que me perdonen) que Zeron es un poeta humanizado, social, solidario con el prójimo. Ello se puede apreciar con su poemario: El vuelo en la Jaula. En palabras de Manuel García Pérez: “Las palabras son antes que la luz y El vuelo en la jaula es el sacrificio del silencio poético”. Como dice un verso de José Luis: “el silencio es áspero”. Manuel García dice que la palabra es epifanía del infinito debido a la novela de Broch, La muerte de Virgilio. La epifanía está en nuestra razón, en nuestro sentimiento y antes de manifestar ese infinito ya vive entre nosotros, nada mas por ser seres vivos.

 

En el poemario Anúteba (con poemas también de su mujer Ada Soriano) como bien dice José Manuel Ramón: “el paisaje se humaniza, la naturaleza se hace carne”. En Anúteba se nombra mucho el elemento del agua, y lo siento como diría san Francisco de Asís: “el agua es útil, humilde, preciosa y casta,” “y mis ojos interrogantes”. Para mí, el cenit del poemario Anúteba es el poema titulado: Mis ojos descubren. Y el amor entre ellos o el enamoramiento consumado de los amantes, el poeta y la poetisa lo simbolizan con el rocío.

 

 

También vería la luz el poemario Frondas. Leyendo últimos poemas de José Luis noto una evolución. Quizá en algunos poemas se note en el poeta un tono gnóstico, pero tiene un fondo bastante espiritual. Lo mejor que he podido aprender de José Luis Zeron Huguet es crear una poesía menos transparente. Menos directa. 

 

Para mí Huguet es un poeta explosivo como también manso, entremezclado con estos dos adjetivos. José Luis es un poeta de culto, erudito, y no cree en un poema banal. No cree en una poesía que pueda gustar a la pandilla de los colegas y con el paso del tiempo no trascienda. Él dice de sí mismo que es un escritor póstumo. Bueno y yo digo que aún es joven. Huguet ha sufrido demasiada injusticia (obras que no le han publicado a pesar de haber sido premiadas) Sus últimas obras son: el poemario Intemperie (corregido al estilo juanramoniano) y el diario ensayo: A salto de mata, premiado por Ágora. Tras el crepúsculo vendrá el amanecer. Roto el silencio renace la existencia con la palabra.


jueves, 1 de agosto de 2024

Manuel García. Luz de los escombros (Germanía, Alzira)

 

Manuel García. Luz de los escombros (Germanía, Alzira)

Llegó un día de un invierno remoto, podría haber sido un día cualquiera, pero no, no fue ni mucho menos un día cualquiera. Realicé todas mis tareas rutinarias, hasta la llegada de una cita. En concreto: la presentación del poemario Luz de los escombros de Manuel García. Prólogo de mi querido y admirado José Luis Zerón Huguet, con ilustraciones de Roberto Fernández. Yendo al lugar donde nos reuniríamos me tropecé con José María Piñeiro, asido a su mano tenía el poemario de Manuel y me comentó que le venía mal asistir a la velada, que compró el poemario citado y que saludó a Manuel. Le dije: “Has hecho lo más importante: comprar el poemario”. Hablamos un poco y nos despedimos. Llegué, y cuál fue mi sorpresa, asistía mucha gente – algunas personas conocidas para mí – dio mucho gusto ver a tantas personas, toda una explosión poética. Hablaron Zerón, Manuel y Roberto sin cansar a nadie. Manuel nos leyó un escrito que puede ser una novela. Se emitió un video inspirado en el poemario de Manuel, dirigido por Luisa Pastor. Hubo un turno de preguntas al final de la presentación, algo que da mucho gusto, uno interactúa, participa en el evento. Pero, lo más importante que yo destaco, aparte de leer el poemario, que está muy bien, y goza de calidad literaria, lo más bello y profundo fue que recordara Manuel García a sus seres queridos, como su padre, su abuela… encontrando para ellos un personaje literario respectivamente, recordando su niñez, sus vivencias, lugares de Orihuela; como, la Lonja del pescado… alegrías y penas vividas, todo ello con el común denominador de la literatura, el centro de nuestra vía láctea… resaltando la importancia de la lectura; valorando grandes nombres de las letras. Tengo que decir que no conozco mucho a Manuel, pero, sin duda es de lo mejor de Orihuela. Sé que ha estudiado mucho, que trabaja como profesor, no sé si se imaginan sus alumnos la joya que tienen. Dice Manuel que es aprendiz en el mundo de la literatura, pues, es sin duda un buen comienzo. Tiene ya varias publicaciones. Una de las cosas más bellas que he podido compartir son los escritos de personas imprescindibles para mí como: José Luis Zerón Huguet, Ada Soriano, Vicente Hernández, José María Piñeiro, Antonio Gracia, Antonio Durá, Antonio Ortuño, Blanca Andreu, Manuel García, “Sesca”, Javier Puig, Manoli y Atanasio. Que estos versos os despierten la curiosidad: “Los que llegaron conmigo nunca me dejaron solo, escapamos al zarpazo de luz constante, a la crepitación del roble, a quienes estrangularon las ramas en aquellos desahuciados atajos. ¿Quiénes exclamaron que entre nosotros no estaban los vivos?” En sus versos se aprecia lo bucólico y la experiencia. Su lectura no se hace difícil, es aparentemente transparente con rico léxico. Unos versos: “Quien escribe incendia balizas rasguñadas, hombres de paja, arrancados viñedos, flemas en la varga.” ”Una mujer reza ante los estériles granados… …la escritura dura lo que la fiebre.”  El poemario está dedicado a su querido padre. El poeta Manuel sobrevive en este apocalíptico mensaje de autodestrucción. En su poemario se hallan poemas sin título y está dividido en tres partes. En sus poemas está el yin y el yang. Aquí el demiurgo sobrevive en la contemplación. Me imagino a Manuel García diciéndose a sí mismo: mi trabajo es la lectura y así conquistaré el mundo.

domingo, 21 de julio de 2024

Miguel Hernández no cesa

 

Miguel Hernández no cesa

 

Cuando era niño me preguntaba por tanta obligación debido a tener que acudir al colegio y realizar tantas y tantas tareas de estudio, gimnasia y, cómo no, hacer los deberes por la tarde, para que a la mañana siguiente no me ganara el enfado del profesor. En mi imaginación revoloteaba el porqué de tener solamente media hora de descanso cada día en el conocido recreo donde todos los niños y las niñas éramos libres. Me encantaba vivir las aventuras con mis compañeros de clase considerándolos a todos ellos mis amigos. Pero una pregunta que me hice en mi interior fue desvelada con el paso del tiempo al madurar el fruto de la infancia en la sazón de la adolescencia. ¿Por qué tenía yo que estudiar la vida y obra de unos hombres y mujeres que no conocía? Sí. En concreto me refiero a la literatura. Esa arquitectura de pensamiento y sentimiento edificada en el papel de la vida desde hace mucho tiempo siguiendo todavía la construcción de la obra hasta el final del mundo. Nombres y nombres de hombres y mujeres que tenían vida en los libros aglutinados en las estanterías. Pero hubo un nombre en ese misterioso océano de las palabras que se nombraba mucho en la ciudad de Orihuela. Miguel Hernández.

 

 

 

Al tener inquietud artística en mi adolescencia y haber formado un grupo de música con dos amigos del colegio, esos nombres de hombres y mujeres cobraban más sentido. Tenía que escribir canciones y precisamente fui el escogido por mis amigos para cosechar palabras melódicas para las canciones del grupo de música. Tenía que leer las creaciones de otros creadores para que se enriqueciera más mi labor como letrista. Entonces ese niño, que habita en el corazón, cambió cuando conocí el poema titulado “El niño yuntero”.

 

 

 

Miguel Hernández; una vida y una obra escritas en la historia. Su casa natal, su casa museo. (¿Y ese sentimiento profundo con mezcla alegre y taciturno que todos experimentamos pisando su suelo, vistiendo sus paredes donde estaba vivo Miguel?). Algunos de sus herederos estaban cerca de mí en la ciudad de Orihuela. Sentía algo mágico con todo ello. A pesar de escribir canciones, premiadas con buena crítica de mis amigos y desconocidos, no me atrevía a escribir poemas. Tenía y tengo todavía mucho respeto a la poesía y a la figura del poeta.

 

Entonces fui conociendo más a ese hombre de Orihuela que llegó hasta el alto pináculo de la historia de la literatura Española. Un hombre sensible, imaginativo, romántico y no dudo de su afable corazón. Por poner un ejemplo compartió con los miembros de la generación del 27 esa renovación de la poesía a favor del hombre, como dicen los estudiosos de la obra de Miguel. E influyente para la generación del 50. Leía sus poemas y me decían algo extraño. Con el paso del tiempo esas palabras en el papel cobraban vida en mi pensamiento y sentimiento. Un poeta que murió en la cárcel. ¿Por qué?. Eso no tenía mucho sentido para mí. Ese hombre, poeta y perito cantando romances, encarcelado en ausencia, cantándole a la luna, mientras en la obligada distancia estaba sola su mujer Josefina Manresa. Sus cartas eran vino para Miguel. Descubrí esa vieja denuncia en los años más difíciles de España. Esa denuncia no era: Viento del pueblo. Y no sólo con esa denuncia hicieron daño a Miguel y a todos sus amigos y familiares. Fue doblemente hiriente para Pablo Neruda porque dejaron en vano su ayuda. Descubrí que sufrió mucho. Unos hombres con mala intención le acechaban. La belleza es atenazada por la maldad. Percibiéndose ese luctuoso sentir con el poema Nanas de la cebolla. Pero Miguel era un hombre valiente y no era pesimista. Como dice un verso suyo: Dejadme la esperanza. El sufrimiento que Miguel sintió en su vida, a tan corta edad, fue el desencadenante de una obra fructífera. En todas las disciplinas del arte, cuando la obra tiene éxito, siempre es porque tiene una peculiaridad que salta a la vista de quien la observa pausadamente. Sin duda esa obra es el fruto de una profundidad que ha sentido el creador, en su persona, formándose en su introspección y toda esa energía de sentimiento de belleza lo canaliza expresándolo materialmente nacido del espíritu.         

 

En muchas ocasiones he leído poemas en la casa museo de Miguel Hernández y pienso seguir haciéndolo. En la distancia con el transcurrir de los años me invitaron a leer un poema en homenaje a Miguel, en un viaje a Barcelona, organizado por Amics de la poesía del Casc Antic, en Casal del Metgel, coordinado por Benita Moreno García, el Foro Social de Orihuela como invitado y el Ayuntamiento de Orihuela como colaborador. Resultó ser un acto conmovedor. Me emocioné, disimulando a la vez para que no se notara, cuando comentó la encargada de presentar el acto, la escritora Antonina Rodrigo, que Federico García Lorca llegó a tocar el piano que estaba sobre el escenario ante todos nosotros. Lloró Miguel el fusilamiento sin juicio de Federico García Lorca y lloró también Miguel cuando falleció su gran amigo Ramón Sijé. Las lágrimas de Miguel están recogidas en sus libros. ¿Y su amigo Vicente Aleixandre? Con dolor por la muerte de Miguel le dio vida en forma de poema.

 

Qué curioso, pensé. Viajando yo a Barcelona para homenajear a Miguel Hernández. Entonces me vino a la mente los viajes de Miguel que hizo a Madrid y a Rusia como un soldado de armas y letras, luchando en la batalla para conquistar por aquello que él soñaba en forma de versos. Miguel entendía lo que era una guerra. Pero eso sí, era un soldado de pluma y papel. 

 

Casualidades de la vida y por amor a la belleza del arte humanizado que te ayuda a seguir viviendo. Tuve la gran oportunidad de conocer a una excelente persona y poeta como es José Luis Zerón Huguet. Conociendo asimismo a casi todo el entorno de personas pertenecientes a la revista de creación Empireuma. Esa amistad con escritores de Orihuela y foráneos es el fruto por el amor a la poesía. El amor y la poesía son un binomio. Como dejara escrito Lope de Vega: El amor fue el inventor de los poemas. Y la poesía es sinónimo de amistad. Como bien inmortalizó Miguel a muchos y muchos amigos de España en el poema: Vientos del pueblo me llevan. Hablando de amistad y de poesía destaco la siguiente anécdota. En dos encuentros con el hijo del pintor alcoyano Miguel Abad Miró, conversando amablemente ambos, le comenté con respeto y cariño a la vez, que su padre Miró y Miguel aparecen en todos los libros y artículos de prensa que se conocieron por primera vez en el Reformatorio de Adultos de Alicante. Y él, me dijo tajantemente, con un tono entrañable, que no era cierto, pues años antes se conocieron y mantuvieron una estrecha amistad. Como se sabe se sigue investigando sobre los coetáneos de Miguel.    

 

Escuchando al pensamiento me decía que todo esto era una aventura mágica que ya comenzó cuando era un niño teniendo sobre mis manos un libro lleno de fotos de hombres y mujeres (ahora les conozco más) y lleno de palabras, resultando ser todo esto eterno. Como una canción que nunca terminaría. Llegando a cierta edad para alcanzar la madurez de adulto, encuentro la libertad plasmada en los libros donde la vida es una belleza de un mundo de lectura y escritura. Todo esto es como: “El rayo que no cesa.”

Francisco José Blas Sánchez

 

En Tierra de Nadie de Gabriel Albiac

En tierra de nadie, Gabriel Albiac (La esfera de los libros)

No sé si don Gabriel Albiac será ateo, pues su pensamiento es coherente, lucido, solidario y generoso. No sé si los profesores religiosos le quitaron la fe. Pero es, y se comporta como un héroe cristiano. No sé si le quedará algún atisbo de fe, aunque es una persona muy noble, educada y culta. Sus memorias comienzan con el recuerdo de estudiante en la Complutense en Madrid después de un prólogo. Albiac es Ulises en la odisea de los vaivenes del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Es valiente, con arrojo y temple. Nos habla de la injusta dictadura de derechas que fue la de Franco, sin embargo, injusta dictadura de izquierdas también lo hubiera sido. Se enfrenta al enemigo, como diría la Guardia Civil. Habla de la equivocación de los GAL. Narra quién ganó el 11M para él. Comenta sobre las revueltas estudiantiles del 68. Recuerda el joven que fue y lo que vivió soñando despierto quedando en nada. Revoluciones que quedaron en nada, otras, en cambio, desdichadas que siguen vivas hoy. “En tierra de nadie”, progresistas o conservadores. Ni unos ni otros. Cansado de la lucha por el poder y la distancia con los ciudadanos. ¿Por qué se hizo comunista? Él se lo pregunta. Pues debido a la nula información que entonces existía, los ignorados estragos que más tarde vieron la luz y las muertes que produjo el régimen genocida. Cincuenta años se cumplen de la existencia del libro Archipiélago Gulag. Dos citas: “El escritor lee escribiendo”, “uno escribe para los amigos”. Agapito Maestre dijo de Gabriel Albiac: “La escritura. Porque su escritura está imbricada con su filosofía.” Nos habla el intelectual de sus borracheras y consumo de marihuana ante un mundo sin color, venció la adicción y triunfó con algo de pesimismo a este inmundo. Su amada biblioteca es su razón de existir. Gabriel Albiac es un filósofo, por tanto, amante de la sabiduría, ante sus ojos ha comprobado la ignorancia en una vida tan inhumana, ha sido testigo de la perdida de oportunidades, es un revolucionario de la inocencia viviendo y escribiendo, sabe que nos queda la esperanza, luchador de las buenas causas, y a pesar de todo ha merecido la pena sobrevivir a la locura del mundo. Aunque como dice Arthur Schopenhauer de una oración india: “Que todos los seres vivos permanezcan libres de dolor.” Tengo pendiente leer La sinagoga vacía.

Francisco José Blas Sánchez

 

viernes, 12 de julio de 2024

El Reino de los Cielos (Capítulos del 11 al 14)

11

“Devorábamos pan con poesía. Nuestro mundo era el dolor, pero también era la belleza. Y todo aquello que es bello e ideal es poesía”, Mircea Cartarescu.   

Estuvo muy bien el recital y el encuentro, todos los que asistieron muy majos, cada uno con su matiz de originalidad. Un gran momento de paz. Gente sencilla que te premia con su generosidad. Ellos son sentimiento puro y no hay frialdad. Es un lugar extraordinario donde compartió sus poemas, pocos sitios así encontró o encontrará. Fue en la Sede de ADIEM de Orihuela. La casa de todos ellos. Lo que duró el recital y la conversación que entablaron se paró el tiempo y se olvidaron de los problemas y el sufrimiento. Le piropearon con que era un artista y un señor. Todos ellos recitaron un poema de Arcano, Alborada, Libertas y fue asombroso. En ellos veía genialidad, peculiaridad y abiertos a una amistad verdadera. Julieta estaba muy contenta y felicitó a Liberto. Fueron de visita a la Casa Museo de Miguel Hernández con dos amigas. Como esponjas adsorbieron su vida y obra. El poeta del dolor, del sufrimiento y de la pena. Escucharon con atención al guía turístico. La casa familiar para la época tenía valor por cómo fue construida. La familia de Miguel no era pobre, sin embargo, eran humildes. Julieta y Liberto se hicieron fotos, algunas de ellas pensaron bien que servirían para la publicación de un nuevo libro. ¡Cuánta magia estaban viviendo! Julieta estaba ilusionada como una niña pequeña. Libero leyó un poema de Miguel y lo escucharon un grupo de turistas. ¡Fue fantástico! Era una calurosa mañana de verano que parecía que estaban sufriendo una tormenta solar.  

 

 

12

          “Pero en el fondo el poetizar es una herida siempre abierta donde se desahoga la buena salud del cuerpo”, Cesare Pavese.

El Antiguo Régimen surgió de las ideas de los revolucionarios liberales. Con la destrucción nacía una nueva época. Europa fue decisiva para el cambio: Las revoluciones se produjeron a ambos lados del Atlántico: la americana, la industrial y la francesa. Así hemos llegado a nuestra etapa histórica actual. El pensador inglés John Locke defendió la necesidad de un contrato con gobernadores y gobernados, dijo la pequeña revolucionaria Penélope.  

          Ay, mi pequeña revolucionaria, ríos de sangre y tierra de podredumbre por revoluciones cruentas. Hoy un buen sonido, una palabra bonita, una imagen preciosa puede ser una revolución. Tenemos que revolucionar nuestro interior para cambiar nuestro trozo de mundo, nuestro trozo de universo. Aunque con una revolución incruenta, dijo Liberto.

          Sabes que no quiero derramamiento de sangre. Soy feliz, porque vivo y dejo vivir. No le complico la vida a nadie.

          Así estamos los dos. Así vivimos. He saboreado el lado oscuro. He sufrido mucho.

          Pero, ahora no estás solo, me tienes a mí.

          Y tú a mí. Quiero hacerte feliz. Últimamente me refugio en el rock.

          Apuesten por el rock and roll, dice el cantante.

          Soy feliz con un poema hondo, con una película bella y dramática y la buena música.

          Así la herida duele menos. Es menor el sufrimiento. Tú me das vida.

          Y tú me has robado el alma, dijo Liberto.

 

 

 

 

 

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“…pero escribir no es una profesión, sino una especie de maldición…” Reinaldo Arenas.

José, el escritor, le interesaba la obra poética y narrativa de Liberto, le daba consejos, le animaba a pulir (sobre todo en narrativa) sus textos, sus diálogos… que dejase en un cajón la novela que estaba escribiendo y pasado un tiempo volviera a trabajar con ella. José, el escritor, evocaba sus años de estudiante de Filología inglesa mostrándole cómo lo hacía él. Solía enviarle artículos de interés a Liberto. Este los leía y en más de una ocasión le servía para escribir. En ocasiones se juntaban los amigos literatos en tertulia y hablaban de religión y literatura. José, el escritor, estaba muy interesado en el mundo de los sumerios, los fenicios, los persas… Leía con fruición a autores del sufismo. Todo lo cultura de la ciudad y de España le gustaba, la adoraba. Liberto escuchaba con atención a José, el escritor, y le hacía caso. “Una persona que no escucha a otra es peligrosa”, dice Ken Follett. José, el escritor, admiraba la Fiesta de Moros y Cristianos y la Semana Santa. No le gustaba estar toda la madrugada con el cubata en la mano perdiendo el tiempo. Ambos tenían fervor por la Hermandad del Silencio. ¡Admirable El Cristo del Consuelo! Con mucha fe andaban por las calles de la ciudad en medio de la oscuridad. Escuchaban y hablaban a Dios en el silencio de la noche.

          La más bella injusticia es la vida misma, es madre y madrastra al mismo tiempo. El mal y el sufrimiento que se ahoguen en leteo. ¿Por qué escribo?, se preguntó Liberto. U otros se lo han preguntado. Pues escribe porque está a favor del amor y en contra del mal. Lo primero que escribió de niño fue basándose sobre el peligro que sufrían san José, María y el niño. Se percató del peligro que sufrían huyendo a Egipto y lo mejor que pudo hacer era dedicarles su primer poema canción. Pasó por una primera etapa muy emocional, sentía mucha pasión a la hora de escribir y no corregía fríamente el texto narrativo o el poema. En su segunda etapa escribe y corrige lo que escribe, es apasionado escribiendo y frío como un tempano para pulir el texto narrativo o el poema. Pero camina ahora en esta larga inversión que es escribir por su tercera etapa. Antes de ponerse a escribir lee a otros autores o escribe menos y más despacio, esto es debido después de haber escrito mucho y está deseando leer a otros escritores o filósofos, pues se niega a ser un intruso en el mundo de la gran y fascinaste literatura. ¿Leer a filósofos? Por supuesto. “Pues que ningún filosofo se ha realizado como tal sin ser un gran escritor”, escribió María Zambrano. “Escribir es una enfermedad”, dijo Charles Bukowski. Sus amigos literatos y Liberto soñaban con sus proyectos literarios mientras la vida los llevaba por el camino de la paradoja más cerca o más lejos para materializar sus deseos.

        

 

 

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El poeta José Hierro veía en la actividad poética: "la tarea cicatrizadora / de restañar con palabras nuevas / las heridas antiguas".

         

Penélope en ocasiones lloraba, cuando estaba débil y saturada. Liberto no se podía concentrar con sus lágrimas, pero las prefería, para que ello no fuera un infierno como En Un Mundo Feliz. En cambio, Liberto se cabreaba, estaba de mal humor cuando era esclavo de alguna injusticia. Dios nos ha dado la libertad de la vida. Somos libres. Pero hay cosas que no podemos controlar, nos hacen daño, sufrimos, es una verdadera injusticia. Los dueños del mundo gobiernan a los hijos de la luz. Liberto después de estar confinado en su casa, decidió ir todos los días a la biblioteca dos horas: leía la prensa, el suplemento cultural y libros. Sobre todo, leía mucha poesía. Cuando estaba en la biblioteca le gustaba observar el fondo local: ahí estaban los libros de sus amigos literarios, de otros que no conocía y de él. Sentía alegría y paz, después de perseverar en este inmundo. Unas cuantas veces se ha tropezado en el Templo de la Sabiduría (que es la biblioteca) con otros literatos de la ciudad que conoce menos y amigos. La actividad de leer y escribir le daba equilibrio, le daba paz. También hubo un tiempo que hacía fotos y quería volver a hacerlo. Andar por la huerta como hizo de niño. Su infancia son recuerdos del olor del azahar y los vuelos y los nidos de las aves. Julieta quería llevarle a él y a Penélope a visitas guiadas de la cultura de la ciudad. Para Liberto no existe lugar más hermoso y hondo para vivir y morir. Su ciudad era su baluarte para su alma sensible. La fortificación de su corazón enamorado y sencillo. Sus amigos literatos también lo consideraban así, aunque eran más críticos. Quien se escapaba más de la ciudad para respirar más libertad era Miguel Lapierre. Sin embargo, ¿Quién no quiere a su tierra? Las heridas se olvidan y se lanzan al mar. Y las alegrías se celebran con el brillo de la luna y el tintineo de las estrellas en la reconfortante oscuridad de la noche.


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