domingo, 19 de abril de 2026

Fragmentos: La magia del universo y La resurrección de Lázaro.


Estaba yo escribiendo en mi despacho (que es en la mesa de la cocina, con televisión), después de escuchar las trágicas noticias de cada día: asesinatos, guerras, incendios…, y demás desgracias, pude ver en un documental la Suimanga Palestina (Cinnyris Osea) o como también se le dice: ave del sol. Me recuerda al mirlo, y su peculiar pico combado me llama la atención. Todos acabamos curvos, torcidos al llegar a la ancianidad. La palabra combado pertenece a la descripción de su padre (ya fallecido) en el poemario Abrazar el vuelo, de una amiga poeta, que quisiera, que visitara El Club de la Bandera Blanca. En este poemario canta la poeta haciendo el duelo también de su hermano fallecido, era pintor y poeta, entonces, reflexioné y vi menguar mi leyenda enamorada, por un lado, por otro, se ensanchaba, pues el amigo querido viajaba junto con su padre un viaje extraordinario, donde no habrá pena ninguna, pues nadie quiere volver del amoroso lugar que por la fe imaginamos, estos es sencillamente la magia del universo. La resurrección es nuestra magia ante la alegría y pena vital. (Fragmento de La magia del universo).

Lo escrito no muere, recuerda que le dijo su amada a Lázaro. Tenía toda la razón, ambos necesitaban mucho la lectura, en los estudios iba bien, en la soledad de la noche oraba a Dios pidiéndole un milagro y protegiera a la gente y a él mismo. Pedía por la bendición de toda la humanidad. Cada persona que existe en este mundo es fruto de un milagro, reflexionó. Venían a su mente cantidad de pensamientos y recuerdos, el recuerdo no se puede controlar. Cuando meditaba solo por la playa y el mar estaba encrespado en su imaginación tocaba la cítara y el arpa para poder calmar lo que conocía de la psicomaquia, pues era la batalla del alma y el combate de vicios y virtudes, las sirenas le avisaban de secretos. Demasiados naufragios en este cielo e infierno de vida. El mar del mundo besaba la orilla de la vida o amenazaba con olas grandes y terroríficas. Lázaro se abrazaba a su amada, a su cruz también y seguía a Aquel que era todo Amor (Amor ágape) ayudándoles a caminar por la senda angosta y un amplio, grande y ancho camino de esperanza. Pensando en su amada no sabía si la tendría con él toda la vida o la perdería, vivía el don y la maldición del eros. (Fragmento de La resurrección de Lázaro). 




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