Amistad, fe y amor
Dios ama
más que los hombres y Dios perdona más que los hombres.
La amistad prístina es la de
Dios, antes de la creación del mundo, ya existíamos en la mente de la
divinidad, el don de la fe, con ella, empezamos a existir en el regazo
espiritual y siendo amados por Dios al despuntar la creación y los primeros
pasos de la humanidad en este mundo y esta vida. El primero que nos ama y
perdona es Dios.
La amistad es la más libre de
nuestras relaciones, no ocurre lo mismo con la familia y los compañeros de
trabajo que no se eligen, nos une la responsabilidad y las obligaciones, aunque
con un corazón manso y humilde, imitando a Cristo, puede que estas
relaciones fructifiquen en un vínculo verdadero y amoroso.
Según Aristóteles considera
tres categorías: interés mutuo, placer y una amistad verdadera vivida con
virtud.
La fe es la gran esperanza
para la humanidad, es el credo, el dogma, dándonos seguridad y confiando en una
persona, deidad, doctrina o conjunto de principios sin necesidad de tener
pruebas empíricas o certezas materiales que la demuestren.
La fe y la razón son dos
afluyentes que confluyen en un único río que desemboca en el mar lleno de
sentido y verdad.
Permitirme estos versos:
Ad hominem
Cuando escribo soy otro;
un personaje realmente yo,
la escritura es mi escenario,
las palabras la música de mi
alma.
Dios es amor (1 Juan 4:8) Amamos
a imagen y semejanza de nuestro Creador y Hacedor. Estamos condenados a amarnos,
toda persona necesita amor, una persona mala necesita amor, quizá se arrepienta
y se convierta, reconociendo a Dios como su mejor amigo.
Dar limosna es tener un amor
desinteresado e incondicional hacía el vulnerable y herido por la vida.
Amar al enemigo es una de las
grandes gestas de los cristianos, estamos obligados a realizarla.
El amor prístino lo gozamos
con Dios en la alegría o en la pena.
El amor es paciente, es
bondadoso. El amor no es envidioso ni presumido ni orgulloso. No se comporta
con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no
se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa,
todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, 1 Corintios 13:4-7