El reino de los cielos
Proviene de Jesucristo el
advenimiento del reino de los cielos, el ethos que nos acerca al reino de Dios
y la fe como senda para la salvación.
“Porque será tales las
tribulaciones de aquellos días, cuales no se han visto desde que Dios creó el
mundo hasta el presente, ni se verán”. (Mc 13, 19).
El reino de los cielos nace de
la premisa del ardor guerrero del hombre joven y lleno de fervor religioso
queriendo luchar en una revolución de las fuerzas del bien contra las fuerzas
del mal, queriendo arrebatar por siempre la diabólica cizaña del inocente
trigo. El joven soldado al estilo de las Cruzadas se imagina vencedor,
queriendo arrasar con todo mal terreno, pero un día se da cuenta que la dulce
arrogancia y la inocente soberbia ha de dar paso a la humildad, a la
mansedumbre, a caminar por la senda angosta. La decisión es dejar la espada. No
más muertes y manos manchadas de sangre. El resultado es abandonarse en
Jesucristo y elegir el amor, aunque tengas que poner la otra mejilla o amar al
enemigo. ¿Hace bien un político negociar la paz con terroristas para evitar
asesinatos de gente inocente? ¿Puede un Estado acabar con todo terrorista? Un
asunto muy delicado. El reino de los cielos, en definitiva, es el fruto de
humillarse y vivir enamorado esperando el banquete celeste. Lo terrenal se lo
lleva el viento; no es duradero, es un peregrinar hacía lo eterno, donde el
joven soldado hallará la definitiva paz.
No estaba en sus cabales decía
de Cristo su familia y Él advertía que su familia es la que cumple la Palabra
de Dios. ¿Qué llegó a significar esta situación? Respuesta de un gran asceta;
incluso superior a un gran asceta.
Los publicanos, pecadores y
prostitutas llevaban la delantera de los sumos sacerdotes, porque eran
sencillos y le creyeron.
El reino de los cielos aquí en
la tierra es un estado mental, al decir Cristo que con Él se cumplían las
Sagradas Escrituras, significa que en nuestra vida, generación tras generación,
la gente creyente, vivimos el reino de Dios en nuestro interior, que será pleno
en los altos cielos.
“En vedad os digo que hay aquí
algunos que no han de morir antes que vean al Hijo del hombre aparecer en su
reino”. (Mt 16, 28)
“Bienaventurados los pobres,
porque de ellos es el reino de los cielos”.
Solo el misterio de la fe
comprende la palabra de Jesucristo, es algo sobrenatural, y la razón no llega a
comprender totalmente.
No están lejos del reino de
los cielos: Sócrates, Buda y Confucio. No está lejos del reino de los cielos; más
bien cerca, aquel que da de comer y beber al necesitado; aquel que ama a Dios y
al prójimo.