martes, 14 de julio de 2026

Gracias y Perdón

Gracias y Perdón

Una de las mayores valentías es la de pedir perdón por el daño cometido consciente o inconscientemente.

Te doy gracias y te pido perdón Dios Uno y Trino, suelo rezar.

El show debe continuar hasta después de la muerte. Es la valentía cristiana.

Dar la gracias o pedir perdón no es rebajarse, no es humillarse; dar las gracias es de tener educación, y pedir perdón es de personas valientes.

Hay personas que no dan las gracias o no piden perdón por timidez, las hay arrepentidas y todo lo contrario, sin embargo, quien ha hecho daño alberga en su interior una pena, un arrepentimiento mayor o pequeño, que quizá no actúe, pero en su intimidad desea pedir perdón. Es un gesto bueno ser agradecidos, tener gratitud. En la edad adulta hay frío y soledad. ¡Qué bien se recibe o se da unos buenos días, gracias, disculpa, me alegro de verte…!

Al mundo le falta amor, cariño, amistad, paz… La vida de Cristo es uno de los grandes misterios de nuestra existencia y humanidad. Él nos ayuda.

“…ruega por nosotros pecadores…”, rezamos en el Ave María.

“…perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”, rezamos en el Padrenuestro.

Y así llena de feligreses la iglesia, ermita o catedral es un júbilo repleto de fervor, una catarsis colectiva y una sanación para nuestras almas.

Andamos heridos, cansados, atribulados y abatidos por el cansancio de la vida, por el peso del transcurrir el tiempo y un gracias o un perdón ayuda a toda persona.

No quería decirlo, pero lo digo: todos los días laborables (los he visto trabajar los domingos también) a las personas de color les digo: ¡Buenos días, amigo! y todos me contestan igual, son muy educados, responsables y trabajadores. ¿Y es que no es un dolor verlos venir a España en pateras, cayucos, morir en el desierto, ahogados en las aguas del Mediterráneo queriendo llegar a Europa para tener la oportunidad de vivir una buena vida teniéndola prohibida y robada en su querida tierra de África?

Bien dice Cristo que debemos ayudar a sus pequeños, que sin duda, así le estamos ayudando a Él y nos estamos ayudando a nosotros mismos.  

¡Convertíos!, lanzaba el grito san Juan Bautista, la voz del desierto. Hoy resuena esa palabra en nuestra conciencia y todo puede empezar por un gracias o un perdón.

En la vida desconocida de Jesucristo tenemos un espejo donde mirarnos, es la vida ordinaria de nuestras vidas llenas de rutinas y prisas. Pensemos en el otro. 


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