El amor
“Dios es amor, y quien
permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4, 16)
El amor puede ser pequeño,
solo limitado de querer tener una pareja o el deseo de tener un Amor grande que
todo lo humano, la naturaleza y Dios le incumbe.
Quien ama con un Amor grande
ama a su prójimo; a todas las personas: niños, ancianos, hombres y mujeres.
Contamos en la Iglesia Cristiana
Católica con el sacramento del matrimonio, entre otros. Ya dijo san Juan
Pablo II que debíamos tener una sexualidad responsable.
El amor gana todas las
batallas.
Amamos con el amor Eros o con
Ágape. El amor Eros digamos que se limita a un amor de una pareja de enamorados,
en cambio, amar con un amor Ágape se ama a todo el género humano, a Dios y todo
el orbe. Ágape es un amor ilimitado.
Una de las mayores valentías del
Amor cristiano y católico y nos lo enseña Cristo en el Evangelio es amar al
enemigo. Debemos tener como referente a Jesucristo en nuestras vidas.
¿Qué es sino el amor una de
las mejores aventuras de la vida, dándonos vida, siendo luz y sal los creyentes
para el mundo, ofreciendo buen sabor e iluminar toda oscuridad?
El SÍ de María al ángel
Gabriel fue una respuesta de amor. Y que Jesucristo se encarnara en su vientre fue
por amor. Dios amó al hombre y a la tierra y al universo como su mejor y
excelsa creación.
Dios nunca nos dejará de amar.
La mejor práctica que podemos
tener como virtud es la caridad. Ofrecernos y ofrecer caridad. Así nos dice la
divinidad que amemos. Y ofrecer la otra mejilla ante la violencia. No se trata
de ser unos masoquistas, pero a la violencia no hay que combatirla con
violencia. Una gran obra de caridad es amar al enemigo y no devolverle su
agresividad.
Todos tenemos el problema de
ser pobres en nuestra vida. A cualquiera le puede ocurrir. En el mundo siempre
nos acompañarán los pobres, debemos tener ese gran Amor para ayudarles y practicar
la caridad.
Si creemos en Dios es por su
amor infinito y nosotros debemos amarnos los unos a los otros como nos ordenó
Jesucristo.
Como dijo el escritor francés Stendhal:
“el amor es una flor que crece junto al abismo”.
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