Leyendo a Chesterton
Estamos viviendo la pleamar de
la religión cristiana católica (como en tiempos de Chesterton), el
creyente, ante el mar del mundo, de la vida, no arribará a la bajamar, no se
desesperará, tendrá buen ánimo, en cambio, el pagano y el agnóstico, vivirá
todo lo contrario, tendrá una vida pobre. Lo cristiano es un tesoro.
Pero no nos engañemos, la
popularidad de lo católico no es una moda, nunca lo ha sido y nunca lo será. Lo
trascendental tiene fuertes y rudas raíces. El cristianismo no es moderno ni
viejo; es como un hogar dulce, donde apetece estar. Dios es un niño o un
anciano, un trabajador o mendigo…etc. Lo católico está en el cosmos, en nuestra
atmosfera, es como oxígeno y los feligreses lo respiran. Quiero decir con esto,
que lo sobrenatural está muy cerca de la sensibilidad de los religiosos fervorosos
y esto Chesterton (lo halló en el catolicismo) lo sabía mejor que yo. Cristo
resonó en todo el orbe, desde un rincón del mundo de un pueblo elegido.
Chesterton, un anglicano
nervioso e inseguro (por sus pecados), sintió la quietud deseada, encontrándola
en la religión católica, sin cejar en la búsqueda de Dios.
Jesucristo es más que un
profeta del islam; es el Hijo de Dios frente al arrianismo. Es Dios mismo que
se hizo hombre, pobre y vulnerable, a pesar de su naturaleza divina. La
revolución que hizo Cristo dura más de dos mil años, no es una moda, aguanta el
paso del tiempo, siempre es moderna. A cada dificultad que se nos presenta a
los creyentes Dios no deja de prohijar, salvándonos con su Palabra y su mano
tendida. Jesucristo es nuestra roca, atalaya y baluarte. “No puedes hacer una
revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una
revolución”, escribió Chesterton.
Transcurrirá el tiempo finito
para los druidas, para los Estuardo, mientras lo católico se renueva, resurge,
es infinito. La buena pluma de Chesterton quería iluminar la oscuridad de los Whigs;
los liberales o progresistas británicos.
Yo soy de esos que prefieren la
separación del Estado y la Iglesia, aunque habrá que respetar la fe del pueblo,
aprovechar la pleamar de vocaciones, también sus caudalosos afluyentes y ríos para
que desemboquen en un mar nuevo y rico.
Rememorando cuando estudiaba
en el instituto de Educación Secundaria no quería estudiar ni aceptaba la
teoría de la evolución de Darwin. “Donde acaba la biología comienza la religión”,
dijo Chesterton.
Nuestro ilustre escritor, con
sus escritos religiosos, allá por el año 1922, iluminó como estrella de Belén,
lo pobre, finito de lo pagano y lo agnóstico. Observó la riqueza, que llega con
cada mañana, después de despertar, alimentándose de la Palabra de Dios, y así poder
refutar ideas equivocadas, y llegar a escribir excelsamente, debido a un
corazón y un alma fervorosos por un Niño Dios.
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